"Vayámonos a-Marte", dijiste. Y nunca un viaje se me hizo tan corto.
22 de septiembre de 2015
20 de septiembre de 2015
Estamos monopolizando la magia. Lo digo en serio, ¿si no cómo explicas que en este sótano sin ventanas aún quede luz?, ¿cómo lo explicas si rompimos aquella bombilla que colgaba del techo a mordiscos?. Aún recuerdo cuando nos sangró la boca por primera vez, ese primer mordisco a la manzana de Blancanieves, a los cuentos con final feliz de los que todo el mundo habla y nadie vive; recuerdo tus cristales clavándose en mis labios y mis astillas clavándose en tus costillas. Y nadie lloraba, solo éramos capaces de hacer el amor para después romperlo y observar el desastre a nuestros pies. Satisfechos. Locos. Y yo feliz, sangrando en tu espalda. Esto tiene que ser magia. Eso o que somos dos putos enfermos mentales que solo saben curarse las heridas abriendo otras nuevas, dos enfermos con el cuerpo cubierto de llagas y el alma atiborrada de pastillas. Los huesos de cristal y el tabique de la nariz deshecho de tanto aspirar... aspirar a darnos el uno al otro. Y aún no lo hemos conseguido, queda carne que quemar y piel que rasgar.
Ya he perdido la cuenta de todas las veces que he intentado salir de ahí, de salvarme, como si fuera tan sencillo abrazarse a la luz sin quemarse; como si fuera tan sencillo abandonarte a tu maldita suerte, fingir que no me salen moratones en la piel cuando a ti te dan un golpe, fingir que no sangro cuando disparas lágrimas o prospectos de medicinas como si fueran el confeti más bonito del mundo. No es nada sencillo fingir que quiero vivir sin ti.
Mantengo que te odio.
TE ODIO: porque me quieres como soy y no como debería -¿cómo te atreves?- Porque te sientas a verme sangrar y en vez de taponarme el pecho, coser la herida y darme un beso que me haga perder la consciencia, te cortas la piel y sangramos a dúo; como Enrique y Ana y nuestras tablas de multiplicar panes, peces y orfidales.
Me desnudas sin mirarme.
Me abrazas sin tocarme.
Me abrasas sin estar cerca.
¿Quieres decirme cómo vamos a salvar a toda la humanidad si algún día nos da por cruzarnos?
Y ahora, tengo algo importante que decirte: Nunca van a quererte. Porque eres todo huellas y a nadie le gusta pensar que ya han pisado la luna otros tacones. Sin embargo, yo te quiero. Libre, pero con tus pisadas, los conciertos a tu espalda, el sudor de tus sábanas, tus caricias desgastadas, los tatuajes ya besados, tus fantasmas, los dos millones de besos que no han sido míos, los cafés que no he enfriado, los chupitos que no hemos bebido a medias...
Te quiero, no para hacerte feliz, si no para que lo seas,
con quien sea,
con quien tu quieras.
Seguiré mordiendo el agua.
y cazando aire,
y quedándome con las ganas.
¿Duele? Sí, pero si no, no estaríamos aquí. Ni habría escrito esto para darte las gracias por el cuento más feo del mundo.
Ya he perdido la cuenta de todas las veces que he intentado salir de ahí, de salvarme, como si fuera tan sencillo abrazarse a la luz sin quemarse; como si fuera tan sencillo abandonarte a tu maldita suerte, fingir que no me salen moratones en la piel cuando a ti te dan un golpe, fingir que no sangro cuando disparas lágrimas o prospectos de medicinas como si fueran el confeti más bonito del mundo. No es nada sencillo fingir que quiero vivir sin ti.
Mantengo que te odio.
TE ODIO: porque me quieres como soy y no como debería -¿cómo te atreves?- Porque te sientas a verme sangrar y en vez de taponarme el pecho, coser la herida y darme un beso que me haga perder la consciencia, te cortas la piel y sangramos a dúo; como Enrique y Ana y nuestras tablas de multiplicar panes, peces y orfidales.
Me desnudas sin mirarme.
Me abrazas sin tocarme.
Me abrasas sin estar cerca.
¿Quieres decirme cómo vamos a salvar a toda la humanidad si algún día nos da por cruzarnos?
Y ahora, tengo algo importante que decirte: Nunca van a quererte. Porque eres todo huellas y a nadie le gusta pensar que ya han pisado la luna otros tacones. Sin embargo, yo te quiero. Libre, pero con tus pisadas, los conciertos a tu espalda, el sudor de tus sábanas, tus caricias desgastadas, los tatuajes ya besados, tus fantasmas, los dos millones de besos que no han sido míos, los cafés que no he enfriado, los chupitos que no hemos bebido a medias...
Te quiero, no para hacerte feliz, si no para que lo seas,
con quien sea,
con quien tu quieras.
Seguiré mordiendo el agua.
y cazando aire,
y quedándome con las ganas.
¿Duele? Sí, pero si no, no estaríamos aquí. Ni habría escrito esto para darte las gracias por el cuento más feo del mundo.
18 de septiembre de 2015
No quería morir.
Parecía que la noche no acabaría nunca; fuera llovía a cántaros y los cristales de la habitación estaban salpicados de gotas de agua. Estoy segura de que ellas también sabían que estaban a punto de morir. Resbalarían cristal abajo, algunas resistirían e intentarían quedarse ahí para siempre, otras se resignarían y disfrutarían del último viaje en tobogán. Esta reflexión me llevó a una pregunta agónica: ¿se puede disfrutar del último paseo sabiendo que es eso, el último?, ¿se puede disfrutar de tu último minuto?.
Tu y yo también tuvimos uno. Entonces no lo sabíamos y por eso he podido conservar ese recuerdo en la cajita de "lo que no duele tanto". Caben tan poquitas cosas en esa caja...
Me siento estúpida. Estoy intentando escribir como si no se me rompieran las costuras cada vez que piso alguno de nuestros cristales rotos. Duele hacerme recordar. Duele mucho más que cualquier otra cosa que pueda imaginar.
Hoy ha sido el día número 1500 en el que despierto pensando en ti. Qué final más deprimente nos dimos... malditos gilipollas.
El mio, mi final, no debe andar muy lejos, pero no se cual será el momento de la cuenta atrás. ¿Alguien va a avisarme? Es agotador esperar a la muerte. El tiempo parece alagarse, o detenerse, incluso llegas a maldecir que no aparezca y te lleve ya. En la habitación de al lado hay una mujer que lleva esperando dos años. ¡DOS AÑOS! Eso no es esperar, eso es vivir en un hospital.
Os preguntareis por mi, pero yo estoy segura de que moriré esta noche. Mi madre también lo sabe, por eso no se ha movido de los pies de la cama ni para ir a comer ni para ir al baño. Me duele en el alma verla tan abatida. A veces parece que ella también esté esperando su cuenta atrás; seguro que cuando la Muerte venga a por mi le intenta regatear un 2x1.
Me rio. Pero en el fondo soy incapaz de dejar de llorar. Mi estado de ánimo es una montaña rusa que no sabe hacía qué dirección será la próxima curva. Oh, ahí viene mi padre.
Me trae un bocadillo de lomo con queso y un Sprite. Otra vez se me humedecen los ojos. En otro tiempo me hubiera preguntado qué quería de beber, de qué quería el bocadillo, qué revista me gustaba más para leer y si quería los chicles de menta o de fresa. Sin embargo, ahora parece como si me conociera mejor que yo misma. De golpe. Y de golpe descubrí lo mucho que me quería.
El siempre ha mantenido las emociones bajo control y a veces las ha escondido tanto que he sido incapaz de ver todo lo que guardaba para mi. Y ahora me pregunto: ¿por qué lo guardó?, ¿por qué no habíamos cenado bocatas cada jueves?.
Otro torrente de lágrimas, mira que si al final me muero porque se me encharcan los pulmones y no de cáncer...
He vuelto a ponerme cínica.
Acaba de entrar el médico, viene sonriendo, como si con esa sonrisa estúpida pudiera borrar la historia, o cambiarla, o hacerme respirar mejor. Cuando la gente viene a verme también sonríe. Y a ratos les odio por hacerlo y a ratos les entiendo.
Es la hora de la despedida. Es curioso, pero de repente lo he sabido. No ha sonado un despertador, ni una sirena, nada. Simplemente lo he sabido. Mi madre me ha agarrado la mano muy fuerte, ¿es que ha notado lo mismo que yo?
—Mamá... que te quiero como nunca quise a nadie. Que se que es tarde, que volaré y tu te quedarás con la sensación de que pudiste hacer más, pero creeme si te digo que yo no cambio ni una coma de mi vida, ni siquiera este final. Te quiero. Te quiero con una pasión que me va a romper el pecho. Que me muero, sí, pero también he muerto un poco cada vez que te he mirado a los ojos y no estabas. Perdóname. Por marcharme, por dejarte a ti otra vez el trabajo de olvidar, de soportar, de sobrevivir. No me llores, y no me dejes llorar a mi. ¿Puedes explicarme por qué no está papá aqui? Joder, necesito despedirme de los dos.
Me estoy agobiando, y me está quemando el miedo las venas. ¿Dónde voy a ir?, ¿cómo sabré que he llegado?, ¿quién va a encenderme la luz de madrugada?.
Me he tenido que callar. Me he mordido la lengua para que no doliera, pero duele. Estoy intentando tragarme todos los recuerdos que me asaltan y no consigo hacerlo sin que se atraganten. ¿Pero de dónde coño han salido?, ¿es que esto es morir, revivir para después apagar la luz sin miramientos, sin pudor?. Fuera llueve, y yo llevo lloviendo un buen rato. Se nubla la habitación.
No quería morir. Y no lo hice.
Parecía que la noche no acabaría nunca; fuera llovía a cántaros y los cristales de la habitación estaban salpicados de gotas de agua. Estoy segura de que ellas también sabían que estaban a punto de morir. Resbalarían cristal abajo, algunas resistirían e intentarían quedarse ahí para siempre, otras se resignarían y disfrutarían del último viaje en tobogán. Esta reflexión me llevó a una pregunta agónica: ¿se puede disfrutar del último paseo sabiendo que es eso, el último?, ¿se puede disfrutar de tu último minuto?.
Tu y yo también tuvimos uno. Entonces no lo sabíamos y por eso he podido conservar ese recuerdo en la cajita de "lo que no duele tanto". Caben tan poquitas cosas en esa caja...
Me siento estúpida. Estoy intentando escribir como si no se me rompieran las costuras cada vez que piso alguno de nuestros cristales rotos. Duele hacerme recordar. Duele mucho más que cualquier otra cosa que pueda imaginar.
Hoy ha sido el día número 1500 en el que despierto pensando en ti. Qué final más deprimente nos dimos... malditos gilipollas.
El mio, mi final, no debe andar muy lejos, pero no se cual será el momento de la cuenta atrás. ¿Alguien va a avisarme? Es agotador esperar a la muerte. El tiempo parece alagarse, o detenerse, incluso llegas a maldecir que no aparezca y te lleve ya. En la habitación de al lado hay una mujer que lleva esperando dos años. ¡DOS AÑOS! Eso no es esperar, eso es vivir en un hospital.
Os preguntareis por mi, pero yo estoy segura de que moriré esta noche. Mi madre también lo sabe, por eso no se ha movido de los pies de la cama ni para ir a comer ni para ir al baño. Me duele en el alma verla tan abatida. A veces parece que ella también esté esperando su cuenta atrás; seguro que cuando la Muerte venga a por mi le intenta regatear un 2x1.
Me rio. Pero en el fondo soy incapaz de dejar de llorar. Mi estado de ánimo es una montaña rusa que no sabe hacía qué dirección será la próxima curva. Oh, ahí viene mi padre.
Me trae un bocadillo de lomo con queso y un Sprite. Otra vez se me humedecen los ojos. En otro tiempo me hubiera preguntado qué quería de beber, de qué quería el bocadillo, qué revista me gustaba más para leer y si quería los chicles de menta o de fresa. Sin embargo, ahora parece como si me conociera mejor que yo misma. De golpe. Y de golpe descubrí lo mucho que me quería.
El siempre ha mantenido las emociones bajo control y a veces las ha escondido tanto que he sido incapaz de ver todo lo que guardaba para mi. Y ahora me pregunto: ¿por qué lo guardó?, ¿por qué no habíamos cenado bocatas cada jueves?.
Otro torrente de lágrimas, mira que si al final me muero porque se me encharcan los pulmones y no de cáncer...
He vuelto a ponerme cínica.
Acaba de entrar el médico, viene sonriendo, como si con esa sonrisa estúpida pudiera borrar la historia, o cambiarla, o hacerme respirar mejor. Cuando la gente viene a verme también sonríe. Y a ratos les odio por hacerlo y a ratos les entiendo.
Es la hora de la despedida. Es curioso, pero de repente lo he sabido. No ha sonado un despertador, ni una sirena, nada. Simplemente lo he sabido. Mi madre me ha agarrado la mano muy fuerte, ¿es que ha notado lo mismo que yo?
—Mamá... que te quiero como nunca quise a nadie. Que se que es tarde, que volaré y tu te quedarás con la sensación de que pudiste hacer más, pero creeme si te digo que yo no cambio ni una coma de mi vida, ni siquiera este final. Te quiero. Te quiero con una pasión que me va a romper el pecho. Que me muero, sí, pero también he muerto un poco cada vez que te he mirado a los ojos y no estabas. Perdóname. Por marcharme, por dejarte a ti otra vez el trabajo de olvidar, de soportar, de sobrevivir. No me llores, y no me dejes llorar a mi. ¿Puedes explicarme por qué no está papá aqui? Joder, necesito despedirme de los dos.
Me estoy agobiando, y me está quemando el miedo las venas. ¿Dónde voy a ir?, ¿cómo sabré que he llegado?, ¿quién va a encenderme la luz de madrugada?.
Me he tenido que callar. Me he mordido la lengua para que no doliera, pero duele. Estoy intentando tragarme todos los recuerdos que me asaltan y no consigo hacerlo sin que se atraganten. ¿Pero de dónde coño han salido?, ¿es que esto es morir, revivir para después apagar la luz sin miramientos, sin pudor?. Fuera llueve, y yo llevo lloviendo un buen rato. Se nubla la habitación.
No quería morir. Y no lo hice.
A veces se gana, por eso luchamos. Lo dijo Stephen King: <<Si no hubiera quienes triunfan contra toda probabilidad, creo que todo el mundo renunciaría>>
Para M.V.B.
1 de septiembre de 2015
Llevo ya media vida esperándote, o quiza toda la vida, porque nunca sabremos cuando será mi último suspiro. Sin embargo, no me muevo de este trastero porque prometiste volver a por tus cosas; por eso estoy aqui, porque soy tuya. Llevo media vida o una vida entera siendo tuya.
Hace rato que el vodka se ha terminado. Aquí ya no queda alcohol y empiezo a acojonarme ¿sabes?. Ahora no se como voy a curarme la brecha que tengo en la frente por culpa de golpear la pared. Y no se que voy a comer porque esta mañana me he desayunado nuestro último beso.
Están todas tus cosas esparcidas por el suelo. No me muevo del rincón por miedo a tropezar con alguna de ellas que todavía huela a ti y el hastío me abofetee la cara y me haga despertar.
Estoy segura de que vendrás. De lo que no estoy tan segura es de que llegues a tiempo, porque tu y yo sabemos muy bien cómo funciona esto, puedo quererte mucho, pero de repente un día puedo no quererte nada. Nos pasó en camas ajenas, es de justicia que nuestro colchón también lo sufra.
... ¿Es eso lo que pasa? Que ya no me quieres, que ya he caducado. Por eso no vienes. Quizá estés al otro lado de la puerta escuchándome llorar y esperándo a que sea yo quien salga con la bandera blanca en la mano.
He soñado muchas veces que dejaba de quererte, pero al despertar estesin ti volvía a doler, como duele una herida abierta, y sangra como lo hacen los corazones abandonados a la hora del café.
Hace rato que el vodka se ha terminado. Aquí ya no queda alcohol y empiezo a acojonarme ¿sabes?. Ahora no se como voy a curarme la brecha que tengo en la frente por culpa de golpear la pared. Y no se que voy a comer porque esta mañana me he desayunado nuestro último beso.
Están todas tus cosas esparcidas por el suelo. No me muevo del rincón por miedo a tropezar con alguna de ellas que todavía huela a ti y el hastío me abofetee la cara y me haga despertar.
Estoy segura de que vendrás. De lo que no estoy tan segura es de que llegues a tiempo, porque tu y yo sabemos muy bien cómo funciona esto, puedo quererte mucho, pero de repente un día puedo no quererte nada. Nos pasó en camas ajenas, es de justicia que nuestro colchón también lo sufra.
... ¿Es eso lo que pasa? Que ya no me quieres, que ya he caducado. Por eso no vienes. Quizá estés al otro lado de la puerta escuchándome llorar y esperándo a que sea yo quien salga con la bandera blanca en la mano.
He soñado muchas veces que dejaba de quererte, pero al despertar este
5 de junio de 2015
2 de junio de 2015
Guardaremos bajo llave hasta el último detalle
Al otro lado del cristal ya no queda nada de lo que tu y yo fuimos, y lo cierto es que a este lado no dejo de fumarme cigarrillos con tus fotos. Pronto dejaremos de existir, y la pena lleva aporreando la puerta media hora, pero no pienso abrir. Ya nos hemos despedido, ya nada de lo que venga a decirme va a arreglar todo este caos.
No quiero llorar, por una vez voy a mirar al infinito hasta que se sequen mis pupilas y se arruguen como el papel cuando se humedece. Nunca tuvimos sentido, pero siempre quisimos dárnoslo.
No quiero llorar, por una vez voy a mirar al infinito hasta que se sequen mis pupilas y se arruguen como el papel cuando se humedece. Nunca tuvimos sentido, pero siempre quisimos dárnoslo.
25 de enero de 2015
Reconozco, que cuánto más daño me hacía más me desvivía por él.
Reconozco, que me llenó de heridas al hacer el amor.
Reconozco, que no fui capaz de ver su capa de defectos.
Reconozco que no fue sano nada de lo que me regaló, que no hubo noches mágicas, que solo estaban maquilladas con polvo compacto.
Reconozco que todo maquillaje se desquebraja, o desaparece con el paso de las horas... Y eso pasó. Pasó el efecto del calmante, del somnífero. Pasó el amor. Pasó y llegó todo lo demás.
Llegó el océano de dudas, el torrente de reproches, pasé de no ver sus defectos a no ver ni una puta virtud. Y entonces todo él se destapó ante mi, o fue quizá, que yo por fín me quité la venda de los ojos,
Nunca lo sabremos.
Reconozco, que nunca lo sabremos.
Reconozco, que me llenó de heridas al hacer el amor.
Reconozco, que no fui capaz de ver su capa de defectos.
Reconozco que no fue sano nada de lo que me regaló, que no hubo noches mágicas, que solo estaban maquilladas con polvo compacto.
Reconozco que todo maquillaje se desquebraja, o desaparece con el paso de las horas... Y eso pasó. Pasó el efecto del calmante, del somnífero. Pasó el amor. Pasó y llegó todo lo demás.
Llegó el océano de dudas, el torrente de reproches, pasé de no ver sus defectos a no ver ni una puta virtud. Y entonces todo él se destapó ante mi, o fue quizá, que yo por fín me quité la venda de los ojos,
Nunca lo sabremos.
Reconozco, que nunca lo sabremos.
13 de enero de 2015
Blu-tack
Los trozos de blu tack azul en la pared también son recuerdos, o qué te crees, ¿que las paredes no hablan?. Y escuchan. Y luego nos escupen la historia, sin venir a cuento y sin preguntar.
¿Por qué no quito el blu tack? Porque ya no pega, porque ya no vale, porque me niego a aceptar que aquello que un día sujetó mi vida deba ir a la basura.
¿Quién quedará cuando yo no esté para recordar?, ¿quién va a contarle al mundo que existimos?, quién... si ya no estaremos, si nadie sabrá la verdad, si nadie sabrá dónde colocar la coma que empezó a separarnos, quién tendrá el valor de ponernos punto y final. Dejar de contar la historia.
Quizá sea eso lo que necesitemos realmente, dejar de existir, dejar de contar.
De acuerdo, acepto que la gente muera; lo que no acepto es que también lo haga su recuerdo cuando yo me vaya. No es justo privar a quien viene detrás de enseñanzas e historias. Alguien tendrá que decirle a los que vienen que hay piedras en el camino, y que te rasparás las rodillas muchas veces antes de llegar a tu destino.
No es justo vivir para luego morir.. ¿Por qué? Decidme, en serio, ¿por qué?. Por qué esa maldita "Ley de vida". Por qué la desmemoria, por qué el olvido.
¿Quién decide que un libro de traduzca a un idioma sí y a otro no?, ¿quién le ha dado ese poder para privar de belleza a otros?, ¿por qué se publican tantos libros de mierda y las grandes historias se quedan atrapadas en casas abandonadas?.
Tengo muchas preguntas.
Y tengo muchas preguntas porque tengo mucho blu tack en la pared. Y me da miedo llegar un día y que esas odiosas manchas en la pared no estén. ¿Olvidaré entonces que tiempo atrás su sonrisa estuvo ahí?, ¿olvidaré el color de sus ojos y la forma de su nariz?.
Tengo miedo, quizá yo también me esté desdibujando en alguna pared, o quizá ya hayan borrado mis restos de blu tack...
Y no he sentido nada, ni un intento de amputación ni un adiós envuelto en eco. No sientes nada cuando te borran. Somos ignorantes a nuestra propia muerte. Como en la vida real, y no solo en el campo sentimental, en esa quinta dimensión que se escapa a nuestro control.
Nunca sabremos qué nos hizo morir, dónde nos entierran, ni la hora, ni el minuto, ni escucharemos el "amén", ni los sollozos de los que se quedan a soportar nuestra ausencia. No sabremos quien nos llora, ni tampoco quién quitó nuestro pedazo de blu tack de la pared.
Tarde o temprano crecerás. Creceré. Sabré despedirme. Y eso me aterra. Yo privaré a la gente de historias. Yo. La que hoy pelea. La que no se rinde. La que llora con el telediario. La que se niega. La que chilla cuando la quieren tapar la boca. La que no acepta un sí, cuando la respuesta debería ser no. Y la que no acepta un no, cuando la respuesta debe ser sí. Yo. La que se niega. La que discute. La defensora de las causas perdidas. La niña que no quiere crecer porque no quiere morir. La que hoy tiene ganas de comerse el mundo.
Yo. La que un día ya no tendrá hambre, ni duende, ni luz, ni aire... Yo. La que nunca volverá a preguntar. La que un día aceptará que lo que tenga que ser será, y ya está.
Que cierto es eso de que una persona muere cuando dejas de recordarla, y qué cierto es que una persona muere cuando deja de respirar y ya está.
"Y ya está" Qué tres palabras tan crueles. Tan de mayor. Tan de persona que sabe despedirse.
¿Por qué no quito el blu tack? Porque ya no pega, porque ya no vale, porque me niego a aceptar que aquello que un día sujetó mi vida deba ir a la basura.
¿Quién quedará cuando yo no esté para recordar?, ¿quién va a contarle al mundo que existimos?, quién... si ya no estaremos, si nadie sabrá la verdad, si nadie sabrá dónde colocar la coma que empezó a separarnos, quién tendrá el valor de ponernos punto y final. Dejar de contar la historia.
Quizá sea eso lo que necesitemos realmente, dejar de existir, dejar de contar.
De acuerdo, acepto que la gente muera; lo que no acepto es que también lo haga su recuerdo cuando yo me vaya. No es justo privar a quien viene detrás de enseñanzas e historias. Alguien tendrá que decirle a los que vienen que hay piedras en el camino, y que te rasparás las rodillas muchas veces antes de llegar a tu destino.
No es justo vivir para luego morir.. ¿Por qué? Decidme, en serio, ¿por qué?. Por qué esa maldita "Ley de vida". Por qué la desmemoria, por qué el olvido.
¿Quién decide que un libro de traduzca a un idioma sí y a otro no?, ¿quién le ha dado ese poder para privar de belleza a otros?, ¿por qué se publican tantos libros de mierda y las grandes historias se quedan atrapadas en casas abandonadas?.
Tengo muchas preguntas.
Y tengo muchas preguntas porque tengo mucho blu tack en la pared. Y me da miedo llegar un día y que esas odiosas manchas en la pared no estén. ¿Olvidaré entonces que tiempo atrás su sonrisa estuvo ahí?, ¿olvidaré el color de sus ojos y la forma de su nariz?.
Tengo miedo, quizá yo también me esté desdibujando en alguna pared, o quizá ya hayan borrado mis restos de blu tack...
Y no he sentido nada, ni un intento de amputación ni un adiós envuelto en eco. No sientes nada cuando te borran. Somos ignorantes a nuestra propia muerte. Como en la vida real, y no solo en el campo sentimental, en esa quinta dimensión que se escapa a nuestro control.
Nunca sabremos qué nos hizo morir, dónde nos entierran, ni la hora, ni el minuto, ni escucharemos el "amén", ni los sollozos de los que se quedan a soportar nuestra ausencia. No sabremos quien nos llora, ni tampoco quién quitó nuestro pedazo de blu tack de la pared.
Tarde o temprano crecerás. Creceré. Sabré despedirme. Y eso me aterra. Yo privaré a la gente de historias. Yo. La que hoy pelea. La que no se rinde. La que llora con el telediario. La que se niega. La que chilla cuando la quieren tapar la boca. La que no acepta un sí, cuando la respuesta debería ser no. Y la que no acepta un no, cuando la respuesta debe ser sí. Yo. La que se niega. La que discute. La defensora de las causas perdidas. La niña que no quiere crecer porque no quiere morir. La que hoy tiene ganas de comerse el mundo.
Yo. La que un día ya no tendrá hambre, ni duende, ni luz, ni aire... Yo. La que nunca volverá a preguntar. La que un día aceptará que lo que tenga que ser será, y ya está.
Que cierto es eso de que una persona muere cuando dejas de recordarla, y qué cierto es que una persona muere cuando deja de respirar y ya está.
"Y ya está" Qué tres palabras tan crueles. Tan de mayor. Tan de persona que sabe despedirse.
19 de diciembre de 2014
3 de noviembre de 2014
"Hoy juega el Madrid, cariño."
Entonces, delante del espejo, me abriste las piernas
me chupaste el corazón de mi mano derecha,
y te fuiste.
2 de noviembre de 2014
Solo quise cuidarte, y sin embargo te empeñaste en apartarme de tu lado, en mostrarme siempre tu cara más fea, aun sabiendo que te conocía de años atrás y que no podías engañarme. Me tiraste piedras, me escupiste y me gritaste que te dejara en paz, mientras tus ojos suplicaban que te abrazara, que te protegiera, que me quedara... Tuve que verte en brazos más fuertes, en brazos más bronceados, en brazos que no eran los mios. Y seguí detrás de ti, porque mientras tu boca me pedía que me fuera, tus manos me agarraban la chaqueta.
Entonces un día, cuando yo desistí, me fuiste a buscar. Me disparaste una sonrisa llena de amor y me lo dijiste: -"Lo sabía. Sabía que nos unía una cuerda y que al tirar de ella solo era cuestión de tiempo que se rompiera. Tu dices que me quieres, que lo darías todo por mi. Pero has dejado que esté con otros, que te grite, que te humille... Eso no es amor. Eso es una cuerda que por fin has roto. Y estoy orgullosa de ti. Siempre te marchabas, se que te daba miedo quedarte a cuidarme."
Aún sigo pensando de dónde saqué el valor para irme y dejarla sola. Aún lo sigo pensando.
Entonces un día, cuando yo desistí, me fuiste a buscar. Me disparaste una sonrisa llena de amor y me lo dijiste: -"Lo sabía. Sabía que nos unía una cuerda y que al tirar de ella solo era cuestión de tiempo que se rompiera. Tu dices que me quieres, que lo darías todo por mi. Pero has dejado que esté con otros, que te grite, que te humille... Eso no es amor. Eso es una cuerda que por fin has roto. Y estoy orgullosa de ti. Siempre te marchabas, se que te daba miedo quedarte a cuidarme."
Aún sigo pensando de dónde saqué el valor para irme y dejarla sola. Aún lo sigo pensando.
29 de septiembre de 2014
26 de septiembre de 2014
De los versos a las balas.
Parar sólo significa una cosa: pensar.
Y sueles pararte a pensar en ti, y en el motivo que te tiene atada a la silla, desgarrando tejidos y apretando los dientes. En las cosas que faltan, y en las que estaban ahí y se pudrieron. ¿Por qué las cosas se acaban corrompiendo?, ¿qué clase de penitencia carga el ser humano para ser incapaz de mantener vivas las cosas?, ¿en qué momento dejamos de creer que podríamos hacerlo?, decidme, ¿cuál fue ese momento?.
Y sueles pararte a pensar en ti, y en el motivo que te tiene atada a la silla, desgarrando tejidos y apretando los dientes. En las cosas que faltan, y en las que estaban ahí y se pudrieron. ¿Por qué las cosas se acaban corrompiendo?, ¿qué clase de penitencia carga el ser humano para ser incapaz de mantener vivas las cosas?, ¿en qué momento dejamos de creer que podríamos hacerlo?, decidme, ¿cuál fue ese momento?.
7 de abril de 2014
Nunca volverá a ser una persona normal. Nunca.
Siempre tendrá que correr para que el miedo no la alcance, para que no la ametralle por dentro y la desangre en mitad de la calle, sin que nadie sepa como ni por qué. Tendrá que aguantar las lágrimas delante de los demás más de una vez, porque no van a entender que llore sin motivo, o peor aún, quizá no entiendan el motivo que la lleva a deshacerse cada tantos meses. Es muy común que la gente no entienda un dolor hasta que no lo siente en sus carnes. ¿Por qué estamos programados para ser egoístas?, ¿por qué nuestro dolor tiene que ser el más fuerte, el más devastador...?, ¿por qué nadie puede sufrir como sufro yo?...
De pequeña, en casa de una amiga, su padre nos dijo que el corazón no te puede doler, porque es un músculo... Yo me confié. Le creí. Y no es verdad. El corazón duele. Y no te duele como una muela, o un pie torcido, o un pinchazo, o una quemadura... No. Es un dolor que va mucho más allá del dolor en si. Es una sensación de angustia, de ahogo, de pérdida. Como si te hubieran arrancado las cuerdas vocales y por más que chillaras no te saliera la voz. Como si te arrancan los dedos y te empeñas en seguir escribiendo porque los sientes ahí... Así duele el corazón. Al menos el mio. Duele como si lo que quedase dentro fuera solo una sombra, como si tu supieras que te lo han quitado, que dentro ya no hay nada, que estás vacía... Por eso cuando duele el corazón duele todo. Porque no somos nada sin corazón.
Es un dolor cansado, abatido.. Es un dolor débil, y de lo débil que es duele con más fuerza que cualquier dolor. Es como si en un ascensor, atrapado entre la quinta y la sexta planta, fueran quitándote poco a poco el oxígeno. Primero te cuesta respirar, luego te desesperas, te relajas, y finalmente, te preparas para lo peor.
Siempre tendrá que correr para que el miedo no la alcance, para que no la ametralle por dentro y la desangre en mitad de la calle, sin que nadie sepa como ni por qué. Tendrá que aguantar las lágrimas delante de los demás más de una vez, porque no van a entender que llore sin motivo, o peor aún, quizá no entiendan el motivo que la lleva a deshacerse cada tantos meses. Es muy común que la gente no entienda un dolor hasta que no lo siente en sus carnes. ¿Por qué estamos programados para ser egoístas?, ¿por qué nuestro dolor tiene que ser el más fuerte, el más devastador...?, ¿por qué nadie puede sufrir como sufro yo?...
De pequeña, en casa de una amiga, su padre nos dijo que el corazón no te puede doler, porque es un músculo... Yo me confié. Le creí. Y no es verdad. El corazón duele. Y no te duele como una muela, o un pie torcido, o un pinchazo, o una quemadura... No. Es un dolor que va mucho más allá del dolor en si. Es una sensación de angustia, de ahogo, de pérdida. Como si te hubieran arrancado las cuerdas vocales y por más que chillaras no te saliera la voz. Como si te arrancan los dedos y te empeñas en seguir escribiendo porque los sientes ahí... Así duele el corazón. Al menos el mio. Duele como si lo que quedase dentro fuera solo una sombra, como si tu supieras que te lo han quitado, que dentro ya no hay nada, que estás vacía... Por eso cuando duele el corazón duele todo. Porque no somos nada sin corazón.
Es un dolor cansado, abatido.. Es un dolor débil, y de lo débil que es duele con más fuerza que cualquier dolor. Es como si en un ascensor, atrapado entre la quinta y la sexta planta, fueran quitándote poco a poco el oxígeno. Primero te cuesta respirar, luego te desesperas, te relajas, y finalmente, te preparas para lo peor.
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