5 de junio de 2015
2 de junio de 2015
Guardaremos bajo llave hasta el último detalle
Al otro lado del cristal ya no queda nada de lo que tu y yo fuimos, y lo cierto es que a este lado no dejo de fumarme cigarrillos con tus fotos. Pronto dejaremos de existir, y la pena lleva aporreando la puerta media hora, pero no pienso abrir. Ya nos hemos despedido, ya nada de lo que venga a decirme va a arreglar todo este caos.
No quiero llorar, por una vez voy a mirar al infinito hasta que se sequen mis pupilas y se arruguen como el papel cuando se humedece. Nunca tuvimos sentido, pero siempre quisimos dárnoslo.
No quiero llorar, por una vez voy a mirar al infinito hasta que se sequen mis pupilas y se arruguen como el papel cuando se humedece. Nunca tuvimos sentido, pero siempre quisimos dárnoslo.
25 de enero de 2015
Reconozco, que cuánto más daño me hacía más me desvivía por él.
Reconozco, que me llenó de heridas al hacer el amor.
Reconozco, que no fui capaz de ver su capa de defectos.
Reconozco que no fue sano nada de lo que me regaló, que no hubo noches mágicas, que solo estaban maquilladas con polvo compacto.
Reconozco que todo maquillaje se desquebraja, o desaparece con el paso de las horas... Y eso pasó. Pasó el efecto del calmante, del somnífero. Pasó el amor. Pasó y llegó todo lo demás.
Llegó el océano de dudas, el torrente de reproches, pasé de no ver sus defectos a no ver ni una puta virtud. Y entonces todo él se destapó ante mi, o fue quizá, que yo por fín me quité la venda de los ojos,
Nunca lo sabremos.
Reconozco, que nunca lo sabremos.
Reconozco, que me llenó de heridas al hacer el amor.
Reconozco, que no fui capaz de ver su capa de defectos.
Reconozco que no fue sano nada de lo que me regaló, que no hubo noches mágicas, que solo estaban maquilladas con polvo compacto.
Reconozco que todo maquillaje se desquebraja, o desaparece con el paso de las horas... Y eso pasó. Pasó el efecto del calmante, del somnífero. Pasó el amor. Pasó y llegó todo lo demás.
Llegó el océano de dudas, el torrente de reproches, pasé de no ver sus defectos a no ver ni una puta virtud. Y entonces todo él se destapó ante mi, o fue quizá, que yo por fín me quité la venda de los ojos,
Nunca lo sabremos.
Reconozco, que nunca lo sabremos.
13 de enero de 2015
Blu-tack
Los trozos de blu tack azul en la pared también son recuerdos, o qué te crees, ¿que las paredes no hablan?. Y escuchan. Y luego nos escupen la historia, sin venir a cuento y sin preguntar.
¿Por qué no quito el blu tack? Porque ya no pega, porque ya no vale, porque me niego a aceptar que aquello que un día sujetó mi vida deba ir a la basura.
¿Quién quedará cuando yo no esté para recordar?, ¿quién va a contarle al mundo que existimos?, quién... si ya no estaremos, si nadie sabrá la verdad, si nadie sabrá dónde colocar la coma que empezó a separarnos, quién tendrá el valor de ponernos punto y final. Dejar de contar la historia.
Quizá sea eso lo que necesitemos realmente, dejar de existir, dejar de contar.
De acuerdo, acepto que la gente muera; lo que no acepto es que también lo haga su recuerdo cuando yo me vaya. No es justo privar a quien viene detrás de enseñanzas e historias. Alguien tendrá que decirle a los que vienen que hay piedras en el camino, y que te rasparás las rodillas muchas veces antes de llegar a tu destino.
No es justo vivir para luego morir.. ¿Por qué? Decidme, en serio, ¿por qué?. Por qué esa maldita "Ley de vida". Por qué la desmemoria, por qué el olvido.
¿Quién decide que un libro de traduzca a un idioma sí y a otro no?, ¿quién le ha dado ese poder para privar de belleza a otros?, ¿por qué se publican tantos libros de mierda y las grandes historias se quedan atrapadas en casas abandonadas?.
Tengo muchas preguntas.
Y tengo muchas preguntas porque tengo mucho blu tack en la pared. Y me da miedo llegar un día y que esas odiosas manchas en la pared no estén. ¿Olvidaré entonces que tiempo atrás su sonrisa estuvo ahí?, ¿olvidaré el color de sus ojos y la forma de su nariz?.
Tengo miedo, quizá yo también me esté desdibujando en alguna pared, o quizá ya hayan borrado mis restos de blu tack...
Y no he sentido nada, ni un intento de amputación ni un adiós envuelto en eco. No sientes nada cuando te borran. Somos ignorantes a nuestra propia muerte. Como en la vida real, y no solo en el campo sentimental, en esa quinta dimensión que se escapa a nuestro control.
Nunca sabremos qué nos hizo morir, dónde nos entierran, ni la hora, ni el minuto, ni escucharemos el "amén", ni los sollozos de los que se quedan a soportar nuestra ausencia. No sabremos quien nos llora, ni tampoco quién quitó nuestro pedazo de blu tack de la pared.
Tarde o temprano crecerás. Creceré. Sabré despedirme. Y eso me aterra. Yo privaré a la gente de historias. Yo. La que hoy pelea. La que no se rinde. La que llora con el telediario. La que se niega. La que chilla cuando la quieren tapar la boca. La que no acepta un sí, cuando la respuesta debería ser no. Y la que no acepta un no, cuando la respuesta debe ser sí. Yo. La que se niega. La que discute. La defensora de las causas perdidas. La niña que no quiere crecer porque no quiere morir. La que hoy tiene ganas de comerse el mundo.
Yo. La que un día ya no tendrá hambre, ni duende, ni luz, ni aire... Yo. La que nunca volverá a preguntar. La que un día aceptará que lo que tenga que ser será, y ya está.
Que cierto es eso de que una persona muere cuando dejas de recordarla, y qué cierto es que una persona muere cuando deja de respirar y ya está.
"Y ya está" Qué tres palabras tan crueles. Tan de mayor. Tan de persona que sabe despedirse.
¿Por qué no quito el blu tack? Porque ya no pega, porque ya no vale, porque me niego a aceptar que aquello que un día sujetó mi vida deba ir a la basura.
¿Quién quedará cuando yo no esté para recordar?, ¿quién va a contarle al mundo que existimos?, quién... si ya no estaremos, si nadie sabrá la verdad, si nadie sabrá dónde colocar la coma que empezó a separarnos, quién tendrá el valor de ponernos punto y final. Dejar de contar la historia.
Quizá sea eso lo que necesitemos realmente, dejar de existir, dejar de contar.
De acuerdo, acepto que la gente muera; lo que no acepto es que también lo haga su recuerdo cuando yo me vaya. No es justo privar a quien viene detrás de enseñanzas e historias. Alguien tendrá que decirle a los que vienen que hay piedras en el camino, y que te rasparás las rodillas muchas veces antes de llegar a tu destino.
No es justo vivir para luego morir.. ¿Por qué? Decidme, en serio, ¿por qué?. Por qué esa maldita "Ley de vida". Por qué la desmemoria, por qué el olvido.
¿Quién decide que un libro de traduzca a un idioma sí y a otro no?, ¿quién le ha dado ese poder para privar de belleza a otros?, ¿por qué se publican tantos libros de mierda y las grandes historias se quedan atrapadas en casas abandonadas?.
Tengo muchas preguntas.
Y tengo muchas preguntas porque tengo mucho blu tack en la pared. Y me da miedo llegar un día y que esas odiosas manchas en la pared no estén. ¿Olvidaré entonces que tiempo atrás su sonrisa estuvo ahí?, ¿olvidaré el color de sus ojos y la forma de su nariz?.
Tengo miedo, quizá yo también me esté desdibujando en alguna pared, o quizá ya hayan borrado mis restos de blu tack...
Y no he sentido nada, ni un intento de amputación ni un adiós envuelto en eco. No sientes nada cuando te borran. Somos ignorantes a nuestra propia muerte. Como en la vida real, y no solo en el campo sentimental, en esa quinta dimensión que se escapa a nuestro control.
Nunca sabremos qué nos hizo morir, dónde nos entierran, ni la hora, ni el minuto, ni escucharemos el "amén", ni los sollozos de los que se quedan a soportar nuestra ausencia. No sabremos quien nos llora, ni tampoco quién quitó nuestro pedazo de blu tack de la pared.
Tarde o temprano crecerás. Creceré. Sabré despedirme. Y eso me aterra. Yo privaré a la gente de historias. Yo. La que hoy pelea. La que no se rinde. La que llora con el telediario. La que se niega. La que chilla cuando la quieren tapar la boca. La que no acepta un sí, cuando la respuesta debería ser no. Y la que no acepta un no, cuando la respuesta debe ser sí. Yo. La que se niega. La que discute. La defensora de las causas perdidas. La niña que no quiere crecer porque no quiere morir. La que hoy tiene ganas de comerse el mundo.
Yo. La que un día ya no tendrá hambre, ni duende, ni luz, ni aire... Yo. La que nunca volverá a preguntar. La que un día aceptará que lo que tenga que ser será, y ya está.
Que cierto es eso de que una persona muere cuando dejas de recordarla, y qué cierto es que una persona muere cuando deja de respirar y ya está.
"Y ya está" Qué tres palabras tan crueles. Tan de mayor. Tan de persona que sabe despedirse.
19 de diciembre de 2014
3 de noviembre de 2014
"Hoy juega el Madrid, cariño."
Entonces, delante del espejo, me abriste las piernas
me chupaste el corazón de mi mano derecha,
y te fuiste.
2 de noviembre de 2014
Solo quise cuidarte, y sin embargo te empeñaste en apartarme de tu lado, en mostrarme siempre tu cara más fea, aun sabiendo que te conocía de años atrás y que no podías engañarme. Me tiraste piedras, me escupiste y me gritaste que te dejara en paz, mientras tus ojos suplicaban que te abrazara, que te protegiera, que me quedara... Tuve que verte en brazos más fuertes, en brazos más bronceados, en brazos que no eran los mios. Y seguí detrás de ti, porque mientras tu boca me pedía que me fuera, tus manos me agarraban la chaqueta.
Entonces un día, cuando yo desistí, me fuiste a buscar. Me disparaste una sonrisa llena de amor y me lo dijiste: -"Lo sabía. Sabía que nos unía una cuerda y que al tirar de ella solo era cuestión de tiempo que se rompiera. Tu dices que me quieres, que lo darías todo por mi. Pero has dejado que esté con otros, que te grite, que te humille... Eso no es amor. Eso es una cuerda que por fin has roto. Y estoy orgullosa de ti. Siempre te marchabas, se que te daba miedo quedarte a cuidarme."
Aún sigo pensando de dónde saqué el valor para irme y dejarla sola. Aún lo sigo pensando.
Entonces un día, cuando yo desistí, me fuiste a buscar. Me disparaste una sonrisa llena de amor y me lo dijiste: -"Lo sabía. Sabía que nos unía una cuerda y que al tirar de ella solo era cuestión de tiempo que se rompiera. Tu dices que me quieres, que lo darías todo por mi. Pero has dejado que esté con otros, que te grite, que te humille... Eso no es amor. Eso es una cuerda que por fin has roto. Y estoy orgullosa de ti. Siempre te marchabas, se que te daba miedo quedarte a cuidarme."
Aún sigo pensando de dónde saqué el valor para irme y dejarla sola. Aún lo sigo pensando.
29 de septiembre de 2014
26 de septiembre de 2014
De los versos a las balas.
Parar sólo significa una cosa: pensar.
Y sueles pararte a pensar en ti, y en el motivo que te tiene atada a la silla, desgarrando tejidos y apretando los dientes. En las cosas que faltan, y en las que estaban ahí y se pudrieron. ¿Por qué las cosas se acaban corrompiendo?, ¿qué clase de penitencia carga el ser humano para ser incapaz de mantener vivas las cosas?, ¿en qué momento dejamos de creer que podríamos hacerlo?, decidme, ¿cuál fue ese momento?.
Y sueles pararte a pensar en ti, y en el motivo que te tiene atada a la silla, desgarrando tejidos y apretando los dientes. En las cosas que faltan, y en las que estaban ahí y se pudrieron. ¿Por qué las cosas se acaban corrompiendo?, ¿qué clase de penitencia carga el ser humano para ser incapaz de mantener vivas las cosas?, ¿en qué momento dejamos de creer que podríamos hacerlo?, decidme, ¿cuál fue ese momento?.
7 de abril de 2014
Nunca volverá a ser una persona normal. Nunca.
Siempre tendrá que correr para que el miedo no la alcance, para que no la ametralle por dentro y la desangre en mitad de la calle, sin que nadie sepa como ni por qué. Tendrá que aguantar las lágrimas delante de los demás más de una vez, porque no van a entender que llore sin motivo, o peor aún, quizá no entiendan el motivo que la lleva a deshacerse cada tantos meses. Es muy común que la gente no entienda un dolor hasta que no lo siente en sus carnes. ¿Por qué estamos programados para ser egoístas?, ¿por qué nuestro dolor tiene que ser el más fuerte, el más devastador...?, ¿por qué nadie puede sufrir como sufro yo?...
De pequeña, en casa de una amiga, su padre nos dijo que el corazón no te puede doler, porque es un músculo... Yo me confié. Le creí. Y no es verdad. El corazón duele. Y no te duele como una muela, o un pie torcido, o un pinchazo, o una quemadura... No. Es un dolor que va mucho más allá del dolor en si. Es una sensación de angustia, de ahogo, de pérdida. Como si te hubieran arrancado las cuerdas vocales y por más que chillaras no te saliera la voz. Como si te arrancan los dedos y te empeñas en seguir escribiendo porque los sientes ahí... Así duele el corazón. Al menos el mio. Duele como si lo que quedase dentro fuera solo una sombra, como si tu supieras que te lo han quitado, que dentro ya no hay nada, que estás vacía... Por eso cuando duele el corazón duele todo. Porque no somos nada sin corazón.
Es un dolor cansado, abatido.. Es un dolor débil, y de lo débil que es duele con más fuerza que cualquier dolor. Es como si en un ascensor, atrapado entre la quinta y la sexta planta, fueran quitándote poco a poco el oxígeno. Primero te cuesta respirar, luego te desesperas, te relajas, y finalmente, te preparas para lo peor.
Siempre tendrá que correr para que el miedo no la alcance, para que no la ametralle por dentro y la desangre en mitad de la calle, sin que nadie sepa como ni por qué. Tendrá que aguantar las lágrimas delante de los demás más de una vez, porque no van a entender que llore sin motivo, o peor aún, quizá no entiendan el motivo que la lleva a deshacerse cada tantos meses. Es muy común que la gente no entienda un dolor hasta que no lo siente en sus carnes. ¿Por qué estamos programados para ser egoístas?, ¿por qué nuestro dolor tiene que ser el más fuerte, el más devastador...?, ¿por qué nadie puede sufrir como sufro yo?...
De pequeña, en casa de una amiga, su padre nos dijo que el corazón no te puede doler, porque es un músculo... Yo me confié. Le creí. Y no es verdad. El corazón duele. Y no te duele como una muela, o un pie torcido, o un pinchazo, o una quemadura... No. Es un dolor que va mucho más allá del dolor en si. Es una sensación de angustia, de ahogo, de pérdida. Como si te hubieran arrancado las cuerdas vocales y por más que chillaras no te saliera la voz. Como si te arrancan los dedos y te empeñas en seguir escribiendo porque los sientes ahí... Así duele el corazón. Al menos el mio. Duele como si lo que quedase dentro fuera solo una sombra, como si tu supieras que te lo han quitado, que dentro ya no hay nada, que estás vacía... Por eso cuando duele el corazón duele todo. Porque no somos nada sin corazón.
Es un dolor cansado, abatido.. Es un dolor débil, y de lo débil que es duele con más fuerza que cualquier dolor. Es como si en un ascensor, atrapado entre la quinta y la sexta planta, fueran quitándote poco a poco el oxígeno. Primero te cuesta respirar, luego te desesperas, te relajas, y finalmente, te preparas para lo peor.
18 de febrero de 2014
Otra historia más de nuestro mundo de mierda.
En la oscuridad de la mentira dormía y reía día tras día. Amortiguaba el placer en la almohada y las penas en la primera copa de licor que le salia el paso.
El amor se enterró en el cementerio, debajo de un sauce llorón que lloraba a sus pies cuando hacia viento. La mirada se perdió el día en el que vio que la gente se moría de verdad y la humanidad apenas sentía el dolor. La esperanza huyó junto a los niños que escapaban de una guerra que prometió Libertad y solo entregó miseria. La tristeza cruzó a nado el Estrecho, pactando con la muerte, quien ya estaba satisfecha y llena de vida ajena. El dolor sobrevivió a los disparos de aquel encapuchado, quien decía luchar por unos ideales que dejaban a su paso ensangrentados charcos. La alegría cogió un vuelo comercial sin vuelta, pues ya no le quedó para pagarse la vuelta. A la sinceridad la echaron de casa... llegaron cartas del banco y hasta que no se fue, aquel señor trajeado no se dio por pagado. El placer fue lapidado en una plaza abarrotada de salvajes, la peor evolución del ser humano, mientras el pecado saltaba de cama en cama en los barrios marginales, donde las muchachas que solo querían escribir eran obligadas a ser el papel de otro pincel. La frivolidad se puso tacones y se dedicó a pisar a los que quedaron por debajo: 90 pisotones, 60 patadas, 90 bofetadas... Libertad es el nombre del último smartphone, que viene ya con más corazón que el propietario.
La felicidad la estoy buscando, ¿me ayudas a encontrarla?.
El amor se enterró en el cementerio, debajo de un sauce llorón que lloraba a sus pies cuando hacia viento. La mirada se perdió el día en el que vio que la gente se moría de verdad y la humanidad apenas sentía el dolor. La esperanza huyó junto a los niños que escapaban de una guerra que prometió Libertad y solo entregó miseria. La tristeza cruzó a nado el Estrecho, pactando con la muerte, quien ya estaba satisfecha y llena de vida ajena. El dolor sobrevivió a los disparos de aquel encapuchado, quien decía luchar por unos ideales que dejaban a su paso ensangrentados charcos. La alegría cogió un vuelo comercial sin vuelta, pues ya no le quedó para pagarse la vuelta. A la sinceridad la echaron de casa... llegaron cartas del banco y hasta que no se fue, aquel señor trajeado no se dio por pagado. El placer fue lapidado en una plaza abarrotada de salvajes, la peor evolución del ser humano, mientras el pecado saltaba de cama en cama en los barrios marginales, donde las muchachas que solo querían escribir eran obligadas a ser el papel de otro pincel. La frivolidad se puso tacones y se dedicó a pisar a los que quedaron por debajo: 90 pisotones, 60 patadas, 90 bofetadas... Libertad es el nombre del último smartphone, que viene ya con más corazón que el propietario.
La felicidad la estoy buscando, ¿me ayudas a encontrarla?.
13 de febrero de 2014
Me preguntan sobre el cáncer.
¿Doloroso?
No.
Raro.
Raro porque es algo que no duele y duele mucho, a la vez. Sabes, de antemano, que pase lo que pase perderás y ese no es consuelo ni de muchos ni de tontos.
La gente se extraña cuando dices que pierdes. ¿Qué pierdes? Pues lo pierdes todo. O casi todo. Te pierdes a ti misma, para empezar, que creo que ya es bastante castigo. Pierdes tu pelo, pierdes la piel, pierdes fuerza, pierdes peso, pierdes tu risa, pierdes tu rutina, pierdes tiempo, pierdes ganas, pierdes personas... Sí, personas. La gente se aleja. Y quizá no lo hagan voluntariamente, o quizá sí, pero lo cierto es que dejan de llamarte porque tu ya no eres la misma de antes. Ya no sales tanto de fiesta, ya no vas a su ritmo y la gente no está para sentarse en la cuneta y esperar a que tu llegues. La gente corre su propia carrera.
Pierdes identidad. Porque lo que te definía hasta entonces se aleja, se destruye, se evapora, se hunde hasta el fondo de las venas, junto al veneno que, paradójicamente, te va curando. En el espejo no encuentras tu reflejo. Yo me miraba y veía a una Laura ... pero no a la que yo era antes. Evolucionas, sí, pero tan de golpe, que en realidad te atragantas con tu propio aspecto, eres incapaz de aceptar que la que está reflejada eres tu. Es duro. Es duro no reconocerte, echarte de menos... Y yo me reía, y me reía y me volvía a reír. Y decía que me encantaba el pelo corto, que me quedaba bien, que era fresquito, que no me daba guerra y que me duchaba en un periquete, que probablemente no me lo dejaría largo, que estaba bien, que me gustaba... MENTIRA. No te gustas. No te gustas ni por accidente. La cruda realidad era esa. Que te sentías desnuda, aun estando vestida. Y no penseis que la gente se pone en tu lugar o que empatiza por un segundo... no. La gente te dice que el pelo así te queda fatal, que como se te ocurre cortarte el pelo, que si antes estabas más guapa bla bla bla. La gente va cavando un hoyo en el que te metes sin querer queriendo. Lo que dolía de esas 'criticas' es que venían de gente que sabía que aquel corte de pelo no era por gusto, que estar tan delgada no era por hacer dieta y que tener la piel del color de la leche no era por una fobia al sol.
Pierdes seguridad. La pierdes. Da igual que te la ates a la cintura. La pierdes... Y pierdes.
Como veis, el cáncer es perder mas que doler, al menos el mio; que también ha habido días jodidos... pero eso ya lo dejo para cuando alguien me pregunte si alguna vez sentí que me moría.
Gracias por llegar hasta aquí. Por leer, por intentar comprender. Y por preguntar. Nunca dejeis de preguntar, porque hay gente deseosa de responder. Yo se lo digo mucho a Rubén. Cuentame todo lo que sepas y yo te contaré todo lo que sepa. Dice que pregunto mucho... pero es el camino más directo para llegar a saber.
¿Doloroso?
No.
Raro.
Raro porque es algo que no duele y duele mucho, a la vez. Sabes, de antemano, que pase lo que pase perderás y ese no es consuelo ni de muchos ni de tontos.
La gente se extraña cuando dices que pierdes. ¿Qué pierdes? Pues lo pierdes todo. O casi todo. Te pierdes a ti misma, para empezar, que creo que ya es bastante castigo. Pierdes tu pelo, pierdes la piel, pierdes fuerza, pierdes peso, pierdes tu risa, pierdes tu rutina, pierdes tiempo, pierdes ganas, pierdes personas... Sí, personas. La gente se aleja. Y quizá no lo hagan voluntariamente, o quizá sí, pero lo cierto es que dejan de llamarte porque tu ya no eres la misma de antes. Ya no sales tanto de fiesta, ya no vas a su ritmo y la gente no está para sentarse en la cuneta y esperar a que tu llegues. La gente corre su propia carrera.
Pierdes identidad. Porque lo que te definía hasta entonces se aleja, se destruye, se evapora, se hunde hasta el fondo de las venas, junto al veneno que, paradójicamente, te va curando. En el espejo no encuentras tu reflejo. Yo me miraba y veía a una Laura ... pero no a la que yo era antes. Evolucionas, sí, pero tan de golpe, que en realidad te atragantas con tu propio aspecto, eres incapaz de aceptar que la que está reflejada eres tu. Es duro. Es duro no reconocerte, echarte de menos... Y yo me reía, y me reía y me volvía a reír. Y decía que me encantaba el pelo corto, que me quedaba bien, que era fresquito, que no me daba guerra y que me duchaba en un periquete, que probablemente no me lo dejaría largo, que estaba bien, que me gustaba... MENTIRA. No te gustas. No te gustas ni por accidente. La cruda realidad era esa. Que te sentías desnuda, aun estando vestida. Y no penseis que la gente se pone en tu lugar o que empatiza por un segundo... no. La gente te dice que el pelo así te queda fatal, que como se te ocurre cortarte el pelo, que si antes estabas más guapa bla bla bla. La gente va cavando un hoyo en el que te metes sin querer queriendo. Lo que dolía de esas 'criticas' es que venían de gente que sabía que aquel corte de pelo no era por gusto, que estar tan delgada no era por hacer dieta y que tener la piel del color de la leche no era por una fobia al sol.
Pierdes seguridad. La pierdes. Da igual que te la ates a la cintura. La pierdes... Y pierdes.
Como veis, el cáncer es perder mas que doler, al menos el mio; que también ha habido días jodidos... pero eso ya lo dejo para cuando alguien me pregunte si alguna vez sentí que me moría.
Gracias por llegar hasta aquí. Por leer, por intentar comprender. Y por preguntar. Nunca dejeis de preguntar, porque hay gente deseosa de responder. Yo se lo digo mucho a Rubén. Cuentame todo lo que sepas y yo te contaré todo lo que sepa. Dice que pregunto mucho... pero es el camino más directo para llegar a saber.
12 de febrero de 2014
Pongamos que te olvido, ¿vale?. Que consigo mirarte a los ojos sin llegar a mirarte por dentro, sin descubrir las grietas de tu pintura, sin humedecer mis paredes. Pongamos que consigo no pensar en ti cuando ponen en la radio nuestra canción, o cuando paso por delante de nuestra cafetería y huele a nuestro dulce favorito. O cuando juega tu equipo, cuando despega un avión, cuando aterriza...
Si te olvido, si te supero, si te dejo atrás... ¿qué harás tu? ¿Quién va a quererte como te he querido yo?, ¿quién va a mirarte y a entenderte en el mismo segundo?, ¿quién va a salir a la calle en plena tormenta porque estás sin llaves de casa?.. Nadie. Con nadie serás tan AMOR como lo fuiste conmigo. Y eso me consuela. Cuando te olvide dejarás de existir. Dejarán de escribirse cartas a tu nombre, y poemas, y canciones... Serás la nada... por obligarme en su día a que fueras mi todo.
Si te olvido, si te supero, si te dejo atrás... ¿qué harás tu? ¿Quién va a quererte como te he querido yo?, ¿quién va a mirarte y a entenderte en el mismo segundo?, ¿quién va a salir a la calle en plena tormenta porque estás sin llaves de casa?.. Nadie. Con nadie serás tan AMOR como lo fuiste conmigo. Y eso me consuela. Cuando te olvide dejarás de existir. Dejarán de escribirse cartas a tu nombre, y poemas, y canciones... Serás la nada... por obligarme en su día a que fueras mi todo.
11 de febrero de 2014
El tren descarriló cuando apenas le quedaban diez minutos para llegar a la estación. No hubo supervivientes; ni en el tren ni en la estación, donde cientos de personas esperaban... Y de esperar a desesperar en una curva. A morirse lentamente de dolor.
Que quien se va, se va; pero el que se queda, TIENE que quedarse.
Que quien se va, se va; pero el que se queda, TIENE que quedarse.
10 de febrero de 2014
¿Llego tarde a quererte?
Siempre me hago la misma pregunta.
¿Llego tarde?
Porque si es así, deja que me desplome delante de ti, deja que me arranque el corazón en medio de un rugido feroz; deja que me despoje del maldito tic tac de este reloj natural.
Llego tarde... no me lo puedo creer. Con todos los años que me he pasado a la sombra del verano esperando que llegara el día perfecto, la hora perfecta y el momento perfecto.. Y ahora... Ahora me dices que llego tarde, y yo pongo cara de idiota, y me desangro en la acera mientras la gente se sube y se baja del autobús, a-sentimentales perdidos, ciegos de rutina. Tu acabas de decir que llego tarde... y ellos son capaces de continuar con su vida, de aligerar el paso, de mirarme sin verme pegados a unos cascos cada vez más grandes.
He llegado tarde, y nadie ha tenido la delicadeza de tomarse un suspiro a mi salud, a nuestra salud, o mejor dicho, a nuestra no salud. Todos siguen, todos corren... pero seguro, que cuando el destino les rompa el corazón de un revés, también querran que el mundo se pare un ratito con ellos.
Siempre me hago la misma pregunta.
¿Llego tarde?
Porque si es así, deja que me desplome delante de ti, deja que me arranque el corazón en medio de un rugido feroz; deja que me despoje del maldito tic tac de este reloj natural.
Llego tarde... no me lo puedo creer. Con todos los años que me he pasado a la sombra del verano esperando que llegara el día perfecto, la hora perfecta y el momento perfecto.. Y ahora... Ahora me dices que llego tarde, y yo pongo cara de idiota, y me desangro en la acera mientras la gente se sube y se baja del autobús, a-sentimentales perdidos, ciegos de rutina. Tu acabas de decir que llego tarde... y ellos son capaces de continuar con su vida, de aligerar el paso, de mirarme sin verme pegados a unos cascos cada vez más grandes.
He llegado tarde, y nadie ha tenido la delicadeza de tomarse un suspiro a mi salud, a nuestra salud, o mejor dicho, a nuestra no salud. Todos siguen, todos corren... pero seguro, que cuando el destino les rompa el corazón de un revés, también querran que el mundo se pare un ratito con ellos.
8 de febrero de 2014
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