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6 de septiembre de 2011

Los imposibles también existen

 He decidido quedarme y no hacer ese viaje. He decidido dejar de ir al encuentro de todo aquello, que aunque quiera, me hace daño. Si algo parecido al destino decidió separarme de ese lugar será por algo, quizá lo estaba empezando a tomar como indispensable en mi vida, y debo aprender que no existe nada con lo que yo no pueda vivir. Nada.

La gente se hace fuerte a base de nadar contra la corriente, los músculos se hacen fuerte cuando el ejercicio les duele, y el corazón se hace fuerte cuando late por separado, cuando, destrozado, sigue latiendo por separado. Sobreviviendo, sobreviviendo a todo. Y a todos.

17 años tenía cuando vino y me dijo: lo siento. Me duele más que a ti, te lo prometo. Perdóname, perdóname... Yo, idiota, le miré a la cara con una sonrisa en los labios, para que se tranquilizara, y entonces me dijo que tenía que marcharse, que, 'accidentalmente', había dejado embarazada a otra.
Aún recuerdo esa pelota de plomo que cayó en mi estómago, destrozando a mi paso todo lo que encontraba. Le miré a los ojos y se me escapaban las lágrimas sin querer. Entonces me cogió la mano y me la puse en el corazón; no sentí nada, parecía estar tan muerto como yo... Se levantó, se limpió la arena de los pantalones y me dijo: Iba a ser nuestro verano, pero mi parte gilipollas ha venido a destrozarlo todo. Hasta en ese momento tan trascendental me eché a reir, y de repente todo el odio que quería sentir hacia él se esfumó, y solo se quedaron flotando en mi mente palabras bonitas, noches a la luz de la luna y Oropesa... Oropesa como mi segunda casa, como la guardiana de mis secretos.
Puede que estuviera empezando a obsesionarme con el lugar, como si no pudiera encontrar la felicidad lejos de allí... ¿Acaso es lo que quiero?, ¿ser feliz lejos de esa casa, de esa playa, de ese paseo?...

Después alguien apareció y arregló todos los platos rotos, sin preguntar si podía pasar... El simplemente llegó, me besó, y reconstruyó en una semana lo que llevaba derruido meses, lo que estaba podrido. Me devolvió la confianza, todo el amor que había perdido me lo devolvió multiplicado por dos... ¿y yo qué hice?. Ir a esa playa y encadenarme a unos ojos que ni siquiera me habían mirado, encadenarme a un cuerpo que ni siquiera me pertenecía, aprovechar la fuerza que me dio esa colonia y lanzarme a la piscina. Cerré la puerta detrás de mi a esos dos años y miré hacia delante libre...

Hasta que volvieron las promesas, los te echo de menos... Los viajes, las risas, los besos robados en el ascensor... Porque yo me moría de ganas de besarle, pero ese día de diciembre me volví una torpe... Era duro, pero me hacía feliz. Ni siquiera a día de hoy lo entiendo... Despertar con él por la mañana y despedirme por la tarde, con la boca llena de palabras que tuve que tragarme para no hacerlo más difícil...
Se fue. Y a las semanas, yo preparé una maleta y me fui. Y allí estaba él, esperándome en la estación... Cinco días despúes hubo que volver a empezar.
Cuántas veces no me habrán mandado mensajes contra él, mentiras, rumores... Y al final nos tuvo que separar la distancia, esa que dicen que se puede superar, que no es tan fuerte, esa que no tiene ni voz ni voto... Esa misma me venció. Nos venció.

Lo que más duele de esta conclusión es que por su parte no somos ni amigos, no ha quedado nada. Por mi parte ni siquiera hay rencor, ni pena, ni nada... La tristeza que me causaba pensar en él es lo que le mantenía vivo dentro de mi, pero ahora hasta las lágrimas están vacías de dolor por ti, están huecas... Es una sensación extraña. Porque le tengo archivado como si estuviera muerto, como si fuera imposible volverme a cruzar con él, hablar con él... Como si todo él fuera imposible.

Ojalá algún día logre que lo imposible sea recordar su nombre, su vos, sus ojos; su todo.




19 de agosto de 2011

En mil pedazos


Anoche rompí una foto mientras se me rompía el corazón en pedazos más pequeños... Fue como si cada uno de los cachos que sobrevivieron al gran impacto estallaran uno a uno, rematando la faena, asegurándose que no quedaba nada más que destruir...
Pero quedan ruinas que aún gritan, que aún sienten, que aún viven... Que se inmolan al pensar en él, suicidándose, queriendo dejar de existir y así dejar de padecer.

Tiré la foto a orillas del mar, y fue como si hubiera echado las cenizas de mi corazón entre esos trozos de amor, creyendo que con ese gesto me había desprendido de este mal que me carcome el cuerpo, la razón, la paciencia... Me carcome hasta la ropa, que me quema, me sobra...

Aquí está amaneciendo, estoy viendo salir el sol, que es el mismo que el suyo... que consuelo más tonto y absurdo, ¿no?

18 de agosto de 2011

siempre me faltará lo que quise de ti


Mirando atrás me pierdo, porque le veo, le recuerdo y le echo mucho de menos. Inexplicablemente se ha hecho con el control de mi mente y sin saberlo... sin pretenderlo.
Sigue aquí... como una mancha en un mantel que nadie vio pero que siempre estuvo ahí.

Me estorba su recuerdo, su nombre, su apellido, su ciudad, su equipo de fútbol, su número de teléfono... Me estorba y sin embargo me aferro a ello como si de un barco que me va a llevar de nuevo junto a él se tratara.
Es esa luz que yo sigo como un estúpido mosquito, sabiendo que me hará daño y no pudiendo evitar cambiar de dirección.



17 de agosto de 2011

Mi centro se ha movido de su sitio


Cuando una está triste lo mejor es rodearse de personas felices; de gente que no sepa apenas nada de tu vida, que no pregunte, que no te juzgue, que no te intente comprender y que no te de estúpidos consejos sobre como vivir.





Estos días hasta las palabras aquí escritas me hacen daño. No puedo acabar una entrada sin que unas tímidas lágrimas hagan acto de presencia.
Llevo dos días duchandome con la música más alta de lo normal, porque mis ganas de deshacerme en llanto también son más fuertes de lo normal. Me gustaría poder pasar toda una tarde llorando, dejando que lo que aún queda dentro se vaya por el desagüe, llegue al mar y alguien lo encuentre.. y empatice conmigo y me diga que no pasa nada, que todo está bien, que estas cosas a veces pasan, pero que igual que han venido se van, dejando a su paso maleza que con el tiempo alguien vendrá a arrancar.

Abro la boca y solo me la lleno de silencios, aunque lo que más deseo es poder pronunciar estas palabras:
ya no duele
ya no importa
ya no quiero
ya aprendí
ya olvidé...





Pero a veces, tengo la sensación de estar condenada a echar de menos aquello que ya no tengo en mi horizonte, como un castigo por haber dejado tantos corazones rotos a mi paso. Injusticias de la vida... uno no elije de quien se enamora...
Como me gustaría poder tocarme con una varita mágica y cambiar mis sentimientos, redirigirlos hacia alguien que sí los merezca, que sí los aprecie, los valore, los cuide, los mime.. los quiera.
Alguien que de verdad vaya a estar a mi lado de verdad, a pesar del tiempo, la distancia, los problemas, las batallas. Alguien que de verdad crea que merezco la pena, alguien que quiera luchar por tenerme a su lado todas las mañanas... y todas las noches. Alguien que me cante canciones ñoñas mientras vamos en el coche, que me acaricie la mano aunque yo diga que no aparte las manos del volante.. Alguien que me pida un beso si nos paramos en algún semaforo, que me encienda solo con una mirada y no me apague hasta que esté bien entrada la madrugada.
Alguien que me soporte en un Madrid-Barsa, en un Madrid-Villarreal... alguien dispuesto a perderse conmigo por Madrid y no tener prisa por encontrarse, porque aún estando perdidos, nuestras bocas sabrán como encontrarse... como siempre nos pasaba... Alguien que nunca diga adiós, ni siquiera aunque no sepa cuando volveremos a vernos.

Alguien parecido a él... pero que me quiera a mi. Solo a mi.




En realidad....
alguien parecido, no me sirve

16 de agosto de 2011

FUE. modo indicativo


¿Doloroso?.
No.
Raro

Raro porque es inevitable que los recuerdos te asalten. Ayer bailaba al rítmo de la música, pero en mi cabeza seguía un compás bien diferente. Buscaba desesperadamente señales que me dieran la razón y me hicieran creer que todo eso no fue un sueño, que fue algo que de verdad existió. Que yo esa noche estuve allí.

Fue real.
Fue precioso.

FUE



11 de agosto de 2011

Interminablemente en él


Creo que le quise incluso antes de conocerle, antes de haberle visto por primera vez, antes de que apareciera con esa sonrisa suya y pusiera toda mi vida patas arriba. Incluso antes de hablarle, antes de mirarle a los ojos, antes de besarle, de abrazarle, de tocarle...


Yo tampoco entiendo que hago un 11 de agosto metida en casa, llorando como una magdalena por algo que supuestamente dejé atrás, pero que al fin y al cabo perdí. Eso es lo que ocurre.. Que lo he ido asimilando poco a poco aunque quiera hacerme creer que lo acepté desde el primer día.
Sin embargo día a día el rinconcito de la esperanza se ha ido haciendo un poco más pequeño... y duele aceptar con el corazón lo que ni la cabeza acepta. 


Es un vacío que te llena de nada, que te agota y te atormenta. Son muchas preguntas, muchos porques que nadie ha tenido la delicadeza de explicarme.
Hay cosas que se rompen por el uso, cosas que se rompen sin querer y cosas que se rompen. Sin más.
Y aquello que fue... ¿como pasó?, ¿qué hice mal?... en que momento se rompió.. ¿por qué yo no vi los cristales cuando todo saltó por los aires? tuve que pisarlos y darme cuenta de que no quedaba nada cuando las heridas de los pies empezaron a sangrar.


Con esto aprendí que hay cosas que están ahí siempre pero que preferimos ignorarlas por el miedo a sufrir. Miramos para otro lado.. pero a mi no me dio tiempo.. No pude hacer como que no pasaba nada, no pude ponerle tiritas al corte porque no sabía donde estaba... como cuando una colchoneta de playa se pincha y no sabes por donde se escapa el aire... A mi me está pasando igual, el amor se me ha escapado delante de mis narices y no soy capaz de detectar en que fallé, ni por donde se escapó, ni donde se ha ido a refugiar... No me ha dejado una dirección para ir a buscarlo cuando lo necesite.



Puede que él   haya sido el chico de mi vida,
pero desde luego yo no he sido la chica de la suya.

La playa. Él y yo


Hay canciones que inevitablemente te recuerdan a esa persona 
No hay nada que puedas hacer, porque la vida es tan puta, que la escucharás en la radio a todas horas, te meterás en youtube y saldrá como vídeo recomendado... pero a mi, como siempre, las canciones que me recuerdan a este, se ponen de moda. Y no veas lo deprimente que es estar de fiesta con todo el subidón y que de repente pongan esa canción... Esa maldita canción, que hace que el alcohol se conjugue con el corazón en pretérito imperfecto y quieras escapar de ahí.
Os dejo aquí un ejemplo... Podréis imaginar el verano que llevo. Más que disfrutar la canción, la aguanto. Porque se me llena la cabeza de fotos suyas, los oídos de palabras, los ojos de momentos... 




Ayer mismo, mi querido Dapers me dijo que le habían pintado la habitación de verde. De verde pistacho me aclaró. Y yo le dije, distraida.. Será verde Rabas... no me entendió; y menos mal. Me tuve que morder la lengua.

14 de julio de 2011

Me estoy volviendo loca

Hace mucho que dejó mi cama fría, y más se congela cuando la siento vacía. Me falta su voz a mi lado, su risa, sus labios... Me acuesto pensando en él, duermo pensando en él, me levanto pensando en él y me paso el día evitando hablar de él, pensar en él o ver las fotos. Fotos que nunca han tenido voz y que ahora me susurran, me piden que las contemple para no sentirse solas en la pared de una habitación que pierde el color día trás día.

Ayer, tumbada en el césped y mirando como el viento mecía las largas y delgadas ramas de un sauce llorón me dio por reír... Parecía que aquel árbol se dejaba llevar con facilidad, como vencido, y sentí como lloraba por ser como era. Alto, magestuoso, pero frágil.
Su nombre cruzó por mi mente tantas veces que estoy segura que estuviese donde estuviese, se tuvo que sentir cansado...

Y yo también me estoy cansando de agotar sus recuerdos hasta la saciedad. Solo buceando en alcohol logro escapar de las dudas y las llagas que me queman la cabeza; un virus letal del que no puedo escapar sola y contra el cual debo luchar en la más estricta soledad.



ALGO ME PIDE SALIR
PARA IR CORRIENDO HACIA TI